TriCiclos: La basura es un error de diseño

Foto: Cortesía Pulso

Con ocho años de vida, esta B-Corp comenzó a implementar un puñado de Puntos Limpios en Santiago y otras ciudades chilenas. Hoy ya tiene operaciones en Brasil y comienza su expansión a Perú y Colombia.

Cuando en Chile se habla de B-Corps (benefits corporations), es imposible no referirse a TriCiclos, una de las empresas pioneras de este tipo en América Latina y la primera en certificarse como “Empresa B” en el país (2012). Nació en 2008 con la idea de hacer algo diferente con la basura de una ciudad de 7 millones de habitantes como es Santiago.

Con la premisa de que la basura es un error de diseño, su modelo de reciclaje mezcla educación ciudadana y distintas modalidades de “puntos limpios”, donde se dejan los productos que después se pueden reciclar o recuperar. Por ejemplo, acaban de implementar uno móvil, simplemente, reciclando en un autobús.

Como lo define su fundador y actual CEO, Gonzalo Muñoz, TriCiclos es una empresa de cambio cultural vestida de reciclaje.

“Aspiramos a cambiar la cultura del diseño de los productos; la cultura del consumo que actualmente supera las capacidades planetarias; la cultura del ciudadano que debería hacer su parte escogiendo mejor, preparando y separando los materiales; la cultura del reciclador de base que puede y debe convertirse en un prestador de servicios; y finalmente la cultura del descarte que debe desaparecer para dar cabida a la cultura de la economía circular”, comenta Muñoz, desde Colombia, donde se encuentra gestionando las próxima apertura de TriCiclos.

En julio de 2013 logró uno de sus proyectos más simbólicos, mediante un convenio con Sodimac, uno de los principales actores de home improvement de América Latina. Crearon la Red Nacional de Puntos Limpios más extensa de Chile con 15 instalaciones desde Arica a Chiloé. Sólo en ese año, más de 170,000 personas utilizaron los puntos para reciclar 12 tipos de materiales, como Tetra Pak, plástico, aluminio y cartones.

Según estiman en Sodimac, la iniciativa permitió reciclar ese año 1 millón 416,231 kilos de material, el equivalente a 2 millones 771,140 kwh de ahorro energético, 19 millones 582,832 litros de agua y 5,238 toneladas de CO2. “Una ciudad inteligente no debería generar basura, de la misma forma como no debería contaminar la atmósfera o los cauces de agua. En los tres casos, la acción inteligente es evitar la polución en la fuente. Es decir evitar que el contaminante se genere, para luego capturar sólo la fracción que no fue posible evitar en la generación”, señala Muñoz.

Desde entonces, TriCiclos comenzó a crecer cada vez más, concretando proyectos con empresas y entidades públicas, además de ganar varios reconocimientos como el de Best for the World 2015, Avvoni, Latinoamérica Verde, Endeavor y el World Economic Forum, entre otros.

Pero ahora que TriCiclos tiene pantalones grandes y salió de las fronteras de Chile, las cosas han cambiado. “Lo primero que hay que fijarse es en el país al que se está yendo, ya que la formula varía enormemente de territorio en territorio. Incluso dentro de un mismo país como Brasil, hemos tenido que adaptar la forma como implementamos nuestras soluciones”, comenta Muñoz, y agrega: “Para nosotros ha sido relevante tener un partner local que nos ayude a asimilar las particularidades del país; y al mismo tiempo que alguien del equipo se desplace un período para descubrir e interpretar los matices que se le debe dar a las soluciones”.

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Para esta empresa B, 2016 ha sido para consolidar su solución en gran parte del territorio brasilero y seguir creciendo en Chile. El 2017 esperan comenzar las operaciones en Colombia y Perú. “Además, el próximo año lanzaremos una innovación significativa para profundizar el impacto de las actuales operaciones y crear un cambio radical en la industria”, adelanta el CEO de TriCiclos.

En Chile, la recién promulgada Ley de Fomento al Reciclaje (Ley REP) está generando un medioambiente ideal para que otras empresas, le sigan los pasos a TriCiclos, cuyo fundador, hace ocho años hablaba de “puntos limpios”, cuando la mayoría de los chilenos ni siquiera entendía el concepto.

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CRÉDITO: 
Daniel Fajardo Cabello / Pulso