Cuidado con la Discrepancia Fiscal

La mayoría de las personas físicas, desconocen un peligro silencioso que los acecha y que los vigila cada día más de cerca apoyado en gran medida con tecnología e infraestructura de última generación.

Pareciera que es un personaje de ficción salido de alguna película de terror, pero pertenece al mundo real y, hasta ahora no se ha apreciado en su justa dimensión, la autoridad lo ha denominado como “EL PROCEDIMIENTO DE DISCREPANCIA FISCAL”…

El artículo 91 de la Ley de Renta nos dice que las personas físicas podrán ser objeto de este procedimiento, cuando se compruebe que el monto de sus erogaciones en un año de calendario sea superior a los ingresos declarados o que le hubiere correspondido declarar.

Se considerarán como erogaciones: los gastos, las adquisiciones de bienes, los depósitos en cuentas bancarias y de inversión y, los pagos de tarjetas de crédito.

Para determinar el monto de las erogaciones, la autoridad fiscal podrá utilizar cualquier información que obre en su poder, ya sea porque conste en sus expedientes, documentos o bases de datos, o porque haya sido proporcionada por un tercero u otra autoridad.

En lenguaje más sencillo, imaginemos que cada uno de nosotros como personas físicas, tenemos asignado un “cajón” por parte de la autoridad fiscal, para identificar ese “cajón” lo marca con una etiqueta que es nuestro Registro Federal de Contribuyentes (RFC).

En ese “cajón” se van a guardar todos los Comprobantes Fiscales Digitales por Internet (CFDI’s), tanto los que expidamos como los que recibimos, es decir, vamos a tener archivados los recibos por los ingresos percibidos por nómina, honorarios, arrendamiento, intereses sobre inversiones, dividendos cobrados, entre otros. Así como, los correspondientes a todos los egresos que efectuemos, por ejemplo: pagos de servicios, de colegiaturas, de intereses por préstamos, de compras de activo fijo, entre otros; pero adicionalmente, también llegarán los estados de cuenta bancarios, de tarjetas de crédito y de inversiones.

Como podemos observar, la autoridad sin necesidad de solicitar a terceros nuestra información, ya conoce todo de nosotros, por lo tanto, será muy sencillo que compare entradas contra salidas, y demuestre fácilmente si tenemos una mayor capacidad económica que la manifestada para efectos fiscales.

Esta fabulosa herramienta de fiscalización le ha permitido a la autoridad desde este año realizar con mayor eficiencia revisiones electrónicas, convirtiéndose en el procedimiento favorito por encima de las auditorías tradicionales. Para el próximo año se fortalecerá aún más con la implementación de la herramienta de la facturación instantánea en operaciones realizadas con tarjeta de crédito o de débito.

Aunque mi intención no es provocar una psicosis colectiva, los invito a qué a la brevedad, dediquen el tiempo para conocer a profundidad dicho procedimiento, y en consecuencia, lleven un control estricto de sus finanzas personales, siendo muy cuidadosos y ordenados en el manejo de sus cuentas, evitando en lo posible “prestar” sus tarjetas de crédito para efectuar compras por cuenta de terceros; la recomendación es no darle elementos a la autoridad para que pueda extender en el mejor de los casos sólo una amable invitación para aclarar inconsistencias detectadas que puedan dar lugar a la formalización de una auditoría electrónica, o peor aún, que a partir del 2020 que entrarán en vigor las reformas al Código Fiscal de la Federación, se lleguen a presentar ya también, situaciones fiscales penales que a nadie le gustará enfrentar, para la reflexión…

*José Luis Rodríguez Hernández, experto del Colegio de Contadores Públicos de México.

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