¿Deudas? Te decimos como resolverlas

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Te planteamos tres alternativas para terminar de una vez por todas con ellas

Si pasar la tarjeta de crédito por cuanto comercio se te atravesó se convirtió en tu deporte favorito sin darte cuenta de que habías sobrepasado el límite de endeudamiento recomendado de 30% de tus ingresos y, lo peor, has pedido otros créditos para pagar, saldas sólo los mínimos o definitivamente ya tienes varios meses sin hacerlo, aún tienes algunas opciones para enderezar el camino.

Existen tres alternativas para cumplir con tus compromisos financieros cuando sientes que las deudas ya te llegaron al cuello: un plan personal de pagos, reestructura y la famosa quita o descuento. De acuerdo con Wolfgang Erhardt Varela, vocero de Buró de Crédito, todo depende de cuánto tiempo llevas sin pagar tus deudas. Veamos las opciones:

Antes de fallar

Si por lo menos has pagado el mínimo que te exige el banco pero para ello has recurrido a otros préstamos -es decir, tapas un hoyo para abrir otro-, y aunque vas al corriente sabes que el próximo pago no podrás realizarlo, puedes llamar a la institución financiera que te brindó el crédito y solicitar un plan personal de pagos.

El banco revisará tu condición económica actual y te ofrecerá un plan de pagos fijos que ya incluyen los intereses, pero con montos más pequeños y un plazo mayor; aunque es una especie de reestructura, ello no implicará ninguna nota en tu historial de crédito, explica Erhardt Varela.

Cuando no has pagado

Cuando llevas 90 días o más sin pagar, el banco llama constantemente para recordarte que realices tu pago; si no recibe la respuesta que espera de ti, es decir, el depósito, deciden vender esa cartera a una administradora, entonces, la negociación ya será directamente con ésta. Aquí hay dos opciones:

Primero que nada, debes revisar tu historial para saber si la cartera aún está en manos de su otorgante original; de ser así, usted podrás llamar para pedir una reestructura de tu crédito y, al igual que en el plan personal de pagos, te ofrecerán una serie de pagos fijos con intereses incluidos, a un plazo determinado y en algunas ocasiones con una tasa de interés más baja. La diferencia es que aquí sí podrán una nota en tu historial crediticio. La clave hará referencia que no pagaste como lo establecía en tu contrato original; sin embargo, tuviste la iniciativa de solucionar la situación.

“El negocio del crédito está basado en la confianza”, dice el vocero de Buró de Crédito, si los otorgantes confían en que te preocupas por pagar, aunque tengas esta nota seguirás siendo una persona confiable.

La segunda opción es cuando la cartera ha sido vendida a una administradora. Aunque -asegura Wolfgang- éstas generalmente ofrecen quitas, podrían ofrecerle una reestructura; la diferencia sería que en la clave de tu Buró de Crédito aparecería que no fuiste tú quién se acercó al otorgante para intentar solucionar tu problema.

Las quitas o descuentos

Si tu cuenta ha sido vendida lo más probable es que te ofrezcan una quita o, lo que es lo mismo, un descuento sobre el total de tu deuda.

Por ejemplo, si debes 10,000 pesos, la administradora te pide 7,000 y “ahí muere” el problema, pero aunque parece un buen término, al final siempre aparecerás como un deudor ya que no pagaste la totalidad del crédito.

“La quita no es tan buena, porque aunque significa un pago único con un descuento, este impago o la parte que dejaste de pagar siempre permanecerá en tu historial”, comenta Erhardt Varela.

Pero si es su única opción, el especialista te recomienda aceptarla, ya que al final siempre será mejor pagar un parte que no pagar nada.

Para no volver a caer

Una vez que tomaste la decisión de acercarte a tu banco para resolver tus deudas, debes estar consciente de que tu realidad cambió y debes reajustar tus gastos variables. Si vuelves a caer en impago, la deuda volverá al estado original y no habrá una segunda oportunidad.

Recuerda que “el presupuesto es el rey de las finanzas, si define su límites, los conoce y los respeta, ya la hizo”, finaliza Erhardt Varela.

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CRÉDITO: 
Sonia Soto Maya, El Economista