De IVA, focos fundidos… y otros fracasos

Jaime Camil, socio fundador de Enova. Foto EE: Angélica Pineda

Admitámoslo: reírse de la tragedia ajena es placenteramente catártico, sino de ¿dónde salen tantos chistes y más recientemente memes? Pero sí además de reírte sales con una reflexión que te ayude a evitar errores en tu propio negocio ¡bienvenidas sean las historias de fracaso!

El Fuckup Night celebró una edición más de sus tertulias informales, cargadas del buen humor que queda luego de haber superado con éxito el bache. Los más de 50 asistentes en la sede de Ashoka escucharon las anécdotas de los fundadores de Enova, IluMéxico, Sidel y del representante de Cemex.

Consulten a los expertos. En 2007, Jaime Camil y sus socios de Enova había cerrado un trato con el gobierno del Estado de México por cerca de 3 millones de pesos para construir 10 centros RIA (Red de Innovación y Aprendizaje). Luego de meses de negociación y con la contratación ya hecha se dan cuenta que faltaba el IVA en su cotización. Por suerte, el gobierno estaba convencido de la importancia del proyecto.

“Lo resolvimos con una versión muy política de la neta: ser honestos. ¿Cómo que se les olvidó el IVA? Nos dijeron… Mi consejo es que hablen con expertos. Cualquier estupidez por mínima que sea te puede tronar. Aprendimos a poner atención a los detalles, porque lo que más nos preocupaba es que un error destruyera un sueño que hoy en día impacta a mucha gente”.

Crea, haz pruebas y escucha para mejorar. Manuel Wiechers recuerda que IluMéxico comenzó cosechando premios en sustentabilidad por su proyecto de paneles solares. La Secretaría de Energía les otorga un proyecto para dotar de paneles 1,500 casas de Veracruz. Durante los meses previos el equipo mejora su producto en el laboratorio, que fue instalado 300 casas de la comunidad de Chichihuatla. Cuando la empresa regresa tiempo después, se encuentran que el equipo no funcionó.

“Lo que pasó es que la tecnología que probamos en laboratorio no estaba lista para las condiciones de calor, humedad y de uso en las comunidades rurales –ni en ninguna otra- Tuvimos que cambiar 350 controladores y 700 focos dos o tres veces. Tardamos cinco o seis meses para encontrar la solución correcta. Se fue toda la utilidad que pudimos tener de ese proyecto”.

El consejo de Manuel es atender al cliente, su respuesta genera más valor que tener la tecnología perfecta. Trabaja, haz pruebas y rediseña.
Crecimiento lento, pero sólido.

Como el “flautista de Hamelín”, Gilda Henríquez convenció a funcionario de gobierno y académicos de al menos ocho países que su investigación de 12 años sobre desarrollo ético en niños era un mecanismo eficiente para combatir la violencia. Pronto, en México, España, Francia e Reino Unido querían que se implementara en un total de 2,500 escuelas. El problema era que sólo Gilda conocía el modelo y era la única que podía capacitar.

Luego de una semana encerrada en su casa llorando, se dio a la tarea de detener todo y hablar con honestidad con la gente: sí podemos hacerlo, pero no ahorita. “Lo primero que hicimos fue sistematizar el modelo, luego la capacitación de la gente que nos iba a ayudar. De ahí la infraestructura local y luego global”. El diseño le llevó más de cinco años. Hoy están en ocho países.

Planea proyectos con la comunidad. Mario González asegura que el teléfono sonaba por las noches para amenazarlo de muerte. En 2009, el novato asesor de Negocios Inclusivos y Sociales de Cemex estaba por perder su trabajo, debido a que la comunidad oaxaqueña a la propuso crear una empresa productora de postes de concreto para el campo eólico de Cemex en el estado se había divido por la disputa del proyecto.

El colmo llegó con el secuestro de la maquinaria y la parálisis de campo eólico. A punto de perder su trabajo, González acudió al Departamento de Contingencia y Crisis de Cemex, con la que encuentran una solución al problema: con la ayuda de un sindicato dividen los 20 empleos que generará la empresa, 10 son para el grupo más fuerte y el resto se otorgó paulatinamente.

La fábrica caminó y produjo 14,000 postes. El proyecto hoy está en manos de la comunidad y han diversificado su oferta de productos, ya no solamente producen y venden postes a otros campos, sino que fabrican bloques de concreto.

“Y a partir de esa experiencia estamos proponiendo un programa de franquicia social en la que se les facilita a la gente que tiene interés en la vivienda un modelo de colaboración con Cemex”, explica Mario, quien considera que si de antemano hubiera diseñado proyecto con uno o dos líderes de la comunidad sobre las necesidades de ésta, habría tenido menos problemas.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario