Microfranquicias, ¿nuevos changarros peñistas?

Foto EE: Francisco Peña

El principal reto del modelo de microfranquicias, que impulsa en México el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), es que este tipo de negocios opere como una franquicia formal, es decir, que se caractericen por ser replicables, estructuradas y con una red de proveedores, de lo contrario corren el riesgo de convertirse en simples “changarros”.

“El problema de la microfranquicia es el franquiciante, quien debe estructurarla, dar –al adquiriente- el soporte, la asistencia técnica y ayudarle a conseguir los insumos para operarla; porque si no vamos a caer en aquel tristemente célebre programa Foxista de los ‘changarros’ y no se trata de eso”, advierte Juan Manuel Gallástegui, CEO Gallástegui Armella Franquicias.

En entrevista el especialista en franquicias recuerda que hace tiempo “un gran empresario de los medios de comunicación tuvo la idea de desarrollar microfranquicias, lamentablemente el proyecto se abortó porque reconoció que él no era un buen franquiciante como para poner una taquería o rosticería, mi negocio es otro, se disculpó”.

El BID presentó durante la Semana Nacional del Emprendedor su propuesta para desarrollar microfranquicias, un modelo inclusivo con inversiones que van de 6,500 pesos a 50,000 pesos, y que está dirigido a los sectores marginados del país, para incrementar sus ingresos a través del autoempleo.

El Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) apoyará con financiamiento hasta de 85% este tipo de iniciativas, al que también se han sumado empresas como Pepsico, Nescafé, Masisa, Peñafiel y Microsoft. Para acceder al apoyo es tomar el curso en línea de 20 horas del Instituto, si son seleccionados.

“Yo creo que ahí está el problema, que lo único que se necesita es la incubación, pero ésta tiene que convertirse después en un modelo de réplica, y posteriormente a microfranquicia”, sostiene.

Juan Manuel Gallástegui, quien tiene entre sus clientes a firmas como Nutrisa y Los Bisquet de Obregón, subraya que las microfranquicias se deben adecuar a la realidad mexicana y para ello propone un esquema de asociacionismo.

“Qué pasa si logro involucrar a tres mecánicos, cada uno con su pequeño taller y entre todos se convierten en franquiciante, luego buscan incorporar a su franquicia a otros mecánicos, le dan uniformidad a la marca, a la imagen, establecen procesos, consiguen insumos más baratos. Por ahí podríamos intentar trabajar. Estoy seguro que el empresario que se volviera franquiciante haría mucho dinero y beneficiaría a muchas familias mexicanas”.

El también consejero vitalicio de la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF) indicó que este organismo debe tener un rol más protagónico en la creación de las microfranquicias para trabajar codo a codo con los franquiciantes sobre todo.

“Que las microfranquicias sean de 14,000 pesos es genial, pero hay que cuidar que no se conviertan en changarros foxistas. Deben tener estructura, sistemas, procesos, deben operar como si fueran una franquicia que costara 14 millones de pesos.


No fuimos convocados: AMF

José Luis Navarro, presidente de la Asociación Mexicana de Franquicias (AMF) indica que ese organismo no fue convocado a participar “en absoluto” en el programa de microfranquicias que promueve el BID y el Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem).

La AMF alberga a cerca de 1,400 firmas de franquicias y de consultores expertos en diseñar los modelos y esquemas para que una empresa, candidata a convertirse en franquicia, sistematice sus procesos, elabore sus manuales y transmita sus conocimientos a futuros adquirientes de la marca.

José Luis Navarro indica en entrevista que, atendiendo la solicitud del Inadem, analizan qué marcas afiliadas a la Asociación son susceptibles de participar en el programa de microfranquicias, entre ellas PressaPrint, H2NO y algunos cafés. “Más allá de presentar otras alternativas, no participamos de ninguna manera”, subraya.

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CRÉDITO: 
Angélica Pineda / El Empresario