Inversiones a startups deben ser deducibles

Foto EE: Hugo Salazar

Para Marc Segura Oyamburu, fundador de Play Business, las inversiones que se realizan a las startups deberían ser deducibles de impuestos. De esta manera –asevera– México se volvería un paraíso del emprendimiento y sería el país preferido para los latinoamericanos que deseen abrir una compañía.

Los grandes inversionistas, a su vez, destinarían sus recursos sobrantes a las empresas tecnológicas, con la certeza de que se ocupan en algo productivo y no se pierden en las manos del gobierno. Segura Oyamburu expone que la tolerancia al riesgo por parte de los empresarios sería altísima y “únicamente mantendrían la esperanza de que el nuevo proyecto sea viable”.

El también CEO de la plataforma de crowd equity (inversión colectiva en las se ofrecen acciones de la empresa a cambio de dinero) que en marzo pasado levantó 5.1 millones de pesos a través del mismo método, asegura que el gobierno no dejará de tener ingresos de las startups, ya que serán sus consumidoras. La única diferencia es que en todas las industrias permeará la innovación y las inversiones se realizarán en cantidades estratosféricas.

A 15 meses de salir al mercado, Play Business ha transaccionado alrededor de 35 millones de pesos y ha fondeado 36 startups con ayuda de los 12,000 inversionistas registrados en la plataforma, quienes pueden impulsar un proyecto desde 100 pesos. Actualmente hay casi 1,500 startups en busca de financiamiento.

Uno de los objetivos de la plataforma es promover que la misma sociedad apoye a las empresas nacientes, que se conviertan en consumidores activos y formen parte de su éxito. Por lo que en Play Business se apuesta por la educación del inversionista, “queremos dejar claro que para invertir no tienes que ser millonario, pero para ser millonario sí tienes que invertir”, comenta.

Respecto a los emprendedores –pieza clave en la compañía–, Marc Segura dice que una de las principales equivocaciones que cometen es querer adoptar un modelo de negocios sin antes saber si éste va o no a funcionar en nuestro país. “A mí me da igual si están tropicalizando o si están inventando algo, lo verdaderamente relevante es que identifiquen un problema y que la innovación venga en la solución que propongan; si esto significa tropicalizar, entonces que lo hagan, pero lo importante es que creen una respuesta a los problemas”, detalla.

La actitud de los emprendedores mexicanos se vuelve mediocre, afirma que “si vemos que allá hay coworks, entonces venimos y los hacemos; si en las empresas de Estados Unidos dan comida y frutsis, entonces en México hay que darles frutsis (…) No nos estamos dando cuenta que Silicon Valley no se creó por lo que dan, sino porque las personas empezaron a encontrar soluciones a los problemas y no a copiar las de otros”, indica el emprendedor.

El cofundador de Play Business hace énfasis en la creatividad de los mexicanos, “casi nos corren de un mundial por nuestras frases”; el problema, según complementa, es la carencia en la capacidad de identificar problemas e idear soluciones.

El precio de la desconfianza

Acostumbrados a desenvolverse en la cultura del que “no tranza, no avanza”, los emprendedores mexicanos se han vuelto celosos de su trabajo. La posibilidad de ser víctimas del robo de ideas genera cierto grado de desconfianza cuando una persona se acerca a preguntar por el trabajo realizado.

Marc Segura dice que la falta de confianza en el otro es entendible, pero se convierte en una pérdida de oportunidades, ya que terminan rechazando ofertas de financiamiento a cambio de una parte de la compañía: “¿por qué te voy a dar el 10% de mi empresa a cambio de un millón de pesos?, se cuestionan los emprendedores.

“La mayoría de los mexicanos cree que no debe compartir su idea porque se la van a robar, esa es de las peores estupideces que hay en el mundo (...) Lo valioso no es la idea, sino quién la ejecuta y cómo la ejecuta”, afirma Marc Segura.

Las consecuencias de esta actitud –que se complementa con el no creernos capaces de hacer las cosas– se reflejan en la sociedad actual. El CEO de Play Business afirma que en nuestro país abundan los consumidores acostumbrados a comprar sólo lo reconocido y exportado, “cuando algo es nuevo simplemente lo ignoramos”. El ejemplo más claro es el de Uber, antes de la llegada de la startup a México, en nuestro país ya existían empresas que ofrecían servicios de transporte privado. Sin embargo, eran locales, lo que les restaba valor. No fue sino hasta que la estadounidense inició operaciones que todos reconocieron la importancia del servicio.

“Esto nos deja claro que tenemos la misma capacidad que cualquier otra persona, a nivel mundial, para hacer las cosas. No nos subestimemos a nosotros mismos, empecemos a creer que si podemos hacerlo y el cambio radical llegará”, concluye Segura Oyamburu.

[email protected]

CRÉDITO: 
Zyanya López / El Empresario