La sofipo Ficrea aspira a ser banco

Archivo/Eleconomista.mx

Brindar crédito a las pequeñas y medianas empresas, su objetivo

Aunque sabe que no es un proceso fácil, el objetivo de la sociedad financiera popular (sofipo) Ficrea es, en el mediano plazo, tratar de convertirse en un banco de nicho especializado en crédito a las pequeñas y medianas empresas (pymes), negocio que hoy es su fuerte.

Sergio Ortiz Valencia, director general de la entidad, explica que para eso se trabaja y destaca que cuando se adquirió Ficrea, hace apenas un par de años, estaba prácticamente en la quiebra, pero hoy ya es una empresa que cuenta ya con 987 millones de pesos en activos.

“En el 2009, nuestro grupo se interesaba en obtener una licencia de banco de nicho y acudió a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Nos indicó que no era el instante más preciso para solicitar una licencia de ese tipo”.

El directivo de Ficrea comenta que el motivo de buscar, en el mediano plazo, migrar a banco de nicho es que, aunque a mayor nivel de operación, una sofipo tiene autorización para realizar cada vez más y más operaciones, aun así considera que las financieras populares están acotadas.

Hoy, esta sofipo cuenta con un nivel 3 en materia prudencial (normativa) y 1 en el rubro operativo. “El nivel prudencial 4 estimamos alcanzarlo en dos o tres meses, pero falta que la autoridad nos vaya dando la aprobación de ir brincando a los otros niveles operativos para que podamos acceder a la posibilidad de conversión a banco de nicho”.

En este sentido, Ortiz Valencia está consciente de que el camino para ello aún es largo, pero destaca que van por buen camino.

“A nosotros nos gustaría que fuera lo más pronto posible, sólo que estamos sujetos a los procesos y tiempos de la autoridad, y esos tiempos nos pueden llevar entre 12 y 18 meses”.

El Director General de Ficrea destaca al mismo tiempo que no hay interés de fusionar o vender esta sofipo, ello, pese a que, dice, sí se han acercado a hacer ofertas. “Nos ha costado mucho trabajo reestructurarla y no queremos contaminarla”.

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CRÉDITO: 
Edgar Juárez, El Economista