La felicidad y las finanzas personales

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Con educación financiera busca mecanismos que faciliten tu bienestar

(segunda y última parte)
Primera parte: da clic aquí

En la primera parte, comentamos que las finanzas personales son una disciplina que ha evolucionado incorporando conocimientos de ciencias sociales tales como la psicología y la sociología, lo cual le ha dado un enfoque más humano y no meramente económico.

Se trata de buscar mecanismos que nos permitan ser felices de acuerdo con el estilo de vida que queremos. Se trata de planear de adentro hacia fuera: a partir de nuestros valores más sólidos, para pasar a través de nuestros sueños, deseos y necesidades, para generar metas y objetivos con los cuales realmente nos podamos comprometer.

El proceso funciona de la siguiente manera:

1. Éste es quizá el paso fundamental. Se trata de hacer una introspección profunda. Se trata de determinar nuestros valores, es decir, qué es lo que es más importante para nosotros. A partir de ellos, tenemos que hacer una lista de nuestros deseos, sueños y fortalezas. De ello saldrán nuestras metas, alineadas con nuestros valores. Para hacer esto, podemos hacernos una serie de preguntas como: ¿qué me gustaría hacer?, ¿en qué me gustaría trabajar?, ¿en dónde quiero vivir?, ¿qué quiero hacer en mi tiempo libre?, ¿qué tipo de coche quiero manejar?, ¿a dónde quiero ir de vacaciones? Todas ellas nos ayudan a definir el estilo de vida para el cual queremos planear y determinar metas y objetivos razonables.

2. Una vez que sabemos bien lo que queremos lograr, tenemos que entender cómo vamos a obtener los recursos para alcanzar cada una meta. Normalmente es a través del ahorro: dinero que tenemos que destinar para cada objetivo en el momento en que recibimos nuestro ingreso. De esta manera no lo terminaremos gastando en cosas que no son importantes.

3. Implementar nuestro plan –comenzar a ahorrar para nuestras metas, las cuales pueden ser de corto, mediano o largo plazo-. Es importante no quedarse en el ahorro: hay que invertir esos recursos en un portafolio diversificado. Es decir, las metas de corto plazo requieren instrumentos altamente líquidos y seguros; las metas de largo plazo deben contemplar un portafolio más agresivo, con instrumentos que sean compatibles con ese horizonte de inversión, incluyendo, desde luego, un porcentaje razonable en Bolsa que depende del tiempo que tengamos y de nuestra aversión al riesgo.

4. Revisar frecuentemente nuestro plan y tener algún tipo de indicador del desempeño del mismo. Es decir, cuando lo trazamos, decidimos cuánto dinero queríamos tener en cierto tiempo para cumplir una meta. Parte del secreto del éxito es ser capaces de conocer con cierta periodicidad lo siguiente: ¿cómo vamos? ¿Nuestro ahorro y su crecimiento está como lo planeado? ¿Vamos mejor que lo esperado? ¿Necesitamos redoblar esfuerzos?

5. Permitirnos cambiar nuestro plan conforme cambia nuestra vida. Ningún plan financiero es estático: debe ser reflejo de nuestra vida, y ésta es dinámica. En la primera parte también hablamos de que la vida tiene sus crestas y sus valles, sus alzas y sus bajas, sus momentos buenos y malos.

Si estamos en uno de estos momentos, o más específicamente en un punto de inflexión en nuestra vida, debemos entonces dedicar tiempo para reevaluar cuidadosamente nuestro plan. No tengamos miedo de cambiar la dirección del mismo si es necesario. Por el contrario, en todo caso debemos tener miedo de no ser capaces de reaccionar en el tiempo necesario. Finalmente, siempre recordemos que ésta es nuestra vida: vivámosla de la mejor forma posible, de la manera que mejor cumpla nuestros sueños y objetivos, y siempre alineada con nuestros valores y principios, de esto depende que logremos la verdadera felicidad.

*www.planeatusfinanzas.com
Twitter: @planea_finanzas

CRÉDITO: 
Joan Lanzagorta*